Ventajas y dificultades

Si comparamos con mecanismos actualmente en vigor, los “mini-públicos” o jurados/asambleas ciudadanas (cuando se activan en condiciones óptimas) presentan muchas ventajas:

  • permiten una mayor representatividad de la población, comparado con los cargos políticos provenientes de las elecciones, o con los grupos que se suelen activar en procesos de participación:
    • es útil a la hora de tomar decisiones que van a afectar todas las categorías de la población (¿podría ayudar a reducir las crecientes desigualdades?);
    • es también muy recomendable en términos de “diversidad cognitiva” (estudios avalan que un grupo con más diversidad de pensamiento toman mejores decisiones que grupos cultural y políticamente “homogéneos”).
  • son procesos muy difícilmente manipulables por grupos de presión, y por lo tanto más protegidos de la corrupción;
  • generan respuestas consensuadas y eficientes a cuestiones complejas y de largo plazo, en un contexto en el cual el sistema de partidos hace hoy en día difícil un debate real sobre cuestiones complejas, y el sistema de elecciones dificulta la toma de decisiones a largo plazo.

Si pensamos en las dificultades a la hora de implementar este tipo de mecanismos:

  • son procesos muy intensivos y que demandan recursos (humanos y de tiempo).
  • poner en marcha una Asamblea ciudadana es un proceso complejo que requiere un saber-hacer específico.
  • como cualquier otro proceso de participación, existe el peligro de ser visto como un ejercicio publicitario si no desemboca en resultados reales.

Imagen: Toronto Planning Review Panel, órgano permanente compuesto por personas sorteadas, representativas de la ciudad de Toronto. La composición del Panel se renueva cada dos años.